domingo, 2 de octubre de 2016

Luz

Todo en mi vida estaba a medio alumbrar, como si la lamparita que iluminaba estuviera haciendo cortocircuito. Prendía y apagaba. A veces había luz, casi siempre a oscuras. Me acostumbré a la sombra, a andar a escondidas para que no me vieran los demás. Hasta que un día apareciste vos y prendiste todas las luces del mundo. Me cegaste por un tiempo con toda tu luz, pero después pude ver claro. Y, de repente, todas las canciones de amor son para vos. Los atardeceres no son lo mismo si no estás abrazándome. No es lo mismo caminar si no es agarrada a tu mano. Caballito sin vos perdió toda su magia. No quiero estar en otros brazos que no sean los tuyos, ni contar lunares si no están en tu espalda. Escribo esto para vos, y para mi. Para cualquiera que quiera leer, para que lo tengas presente: te quiero. Te quiero feliz, te quiero triste y te quiero todo lo que está en el medio. Te quiero de cualquier forma que pueda tenerte, porque quererte es hermoso y no me asusta decirlo. Antes escribía para no ahogarme con las palabras, ahora escribo para abrazarte con ellas. Y para que, cada vez que me leas, me sientas al lado tuyo, acostada en tu pecho o entre tus brazos, aunque estemos a kilómetros de distancia. Sobre todo para recordarme todos los días que vos alumbras todo, y que ojala nunca me dejes a oscuras.

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